Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

miércoles, abril 18

[Notre-Dame-des-Landes] Los desalojos empezaron, la ZAD se moviliza


Aunque el movimiento haya logrado eludirlo durante años, ha empezado un nuevo intento de desalojo de la ZAD de Notre-Dame-des-Landes. Desde las tres de la mañana la operación se desplegó con toda su brutalidad: filas interminables de furgonetas color azul marino, tanques blindados, gases lacrimógenos, primeros heridos y primeras detenciones. La gendarmería anunció que la presencia de periodistas estaba estrictamente prohibida «en todas las etapas del dispositivo» y bloquearon su acceso al sitio. Afirmaron que la toma de imágenes con fines periodísticos está prohibida y que los medios tendrían que contentarse con las que fueran entregadas por los gendarmes.

Estos desalojos confirman la pretensión del gobierno de restablecer el derecho al mismo tiempo que lo pisotea de manera grosera. La prefectura ni siquiera dejó la posibilidad a l@s habitantes de la ZAD de tener acceso a las bases mínimas del derecho a la vivienda, en este caso no se respetó el procedimiento de entablar acciones legales nominativas y amparos en caso de voluntad de desalojo. Esto ocurrió a pesar de que los habitantes de la mayor parte de la ZAD se habían identificado en varios momentos durante los últimos años. El doble juego lamentable de la prefectura exhibe hoy en día toda su hipocresía: anuncia una cierta voluntad para que la situación evolucione de manera «serena y aliviada» mientras nos manda a 2500 policías para arrasar con nuestras casas y habitaciones. Se nos anuncia una selección que se operará según categorías que son meras ficciones, que no sirven más que para llenar las necesidades de un story-telling represivo en el cual el gobierno se encerró. No hay aquí radicales de un lado y campesinos del otro, sino un conjunto de maneras entremezcladas de compartir este territorio. A diferencia de lo que afirma el ministro del Interior Gérard Collomb, nadie vino a regularizarse de manera individual estas últimas semanas a expensas de l@s demás. El conjunto del movimiento propuso un marco de convención colectiva para el conjunto de l@s habitantes y de los proyectos. Pero el gobierno no podía limitarse a admitir que el proyecto de aeropuerto fuera inútil, tenía a fuerzas que vengarse en contra de l@s que lo forzaron a abandonarlo. La tierra se muere, las formas económicas más brutales atrofian nuestras vidas, y en todas partes hay personas que aspiran a salir de esta situación. Eran 30 000 el 10 de febrero pasado quienes se comprometieron a apoyar el futuro de la ZAD. Pero el mensaje político del gobierno esta mañana es claro: se tiene que cerrar cualquier posibilidad de espacios de experimentación. Nuestra rabia es profunda esta mañana ante el derroche lamentable que representa la destrucción en curso de casas y espacios de vida que habíamos construido aquí. Nuestra conmoción es fuerte al pensar que la experiencia colectiva de la ZAD puede ser puesta en peligro ante esta ola policiaca. Sin embargo, ZAD no desaparecerá. Habitamos aquí, estamos enraizados a estos campos y a este bosque y no saldremos de aquí. Saludamos el valor de las personas que ya llegaron para juntarse aquí con nosotr@s y que respondieron a nuestros llamados. En 2012, la arrogancia aplastadora del Estado terminó por revertirse en contra de él. En un contexto en que las huelgas, las marchas y las ocupaciones en todo el país se han acrecentado, apostamos al hecho de que este desalojo se vuelva un nuevo motor de rebeldía que se difunda desde hoy y ahora. Esta operación de destrucción se revertirá en contra de sus autores. Llamamos a todas y todos que l@s puedan a venir a la ZAD para reunirse con nosotr@s desde ahora o en los próximos días. Ya hay más de 80 concentraciones previstas en toda Francia esta tarde-noche, particularmente a las 6pm en Nantes y en Rennes, las grandes ciudades más cercanas. La respuesta ante este desalojo también habrá de realizarse a largo plazo. Se convoca a una marcha este sábado en Nantes y a una convergencia en la ZAD este próximo fin de semana.

Para seguir lo que está pasando:

http://www.briega.org https://zad.nadir.org/spip.php?article5326 https://zad.nadir.org/spip.php?page=backend-infos 
https://nantes.indymedia.org/articles/40823 
https://twitter.com/ZAD_NDDL?p=s 
https://twitter.com/ZadStreet?p=s 
http://alasbarricadas.org/noticias/node/39792

domingo, abril 15

Bienvenida




El mar y la tierra fosas comunes,

la lluvia, ácida, y el sol, sediento;
las botas pies, los pies obstáculos,
los hombros carga, los ojos lágrimas:

cuerpos indesmayables desmayados.

Si tu país no tuviera petróleo, coltán o cualquier ambicionable,
o si fueras blanca o si fueras rico,
si fueras hetero o correligionaria,
si llevases velo o si no lo llevases,

si fueras lo que no eres ni quieres ni puedes ser,
si tú no fueras tú
no tendrías que huir de tu casa y tu paisaje y de tu aire y tu agua.

Las puertas alambradas y anfitriones
los soldados, y, si no hay muerte, campo
de exterminio para los hombres,
las mujeres, los niños y las niñas

refugiados.

Si nosotros fuéramos humanos – no digo aún solidarios-
si tuviéramos cerebro – aún no digo pensamiento-
si fuéramos respetuosos – no, no digo tolerantes-
si tuviéramos corazón, ojos y brazos, y curiosidad
– no he dicho amor, abrazo, mirada ni ansias de saber-,

si no fuéramos lo que somos porque queremos
y porque podemos,
si nosotros no fuéramos nosotros
no tendrías que huir de tu casa y tu paisaje y de tu aire y tu agua.

¿Qué es toda esta trama que hemos urdido
para crear un problema que no existe?
¿Qué es todo este galimatías técnicoeconómico
irrefutable?

Mentira.
Nada de eso.
No. Nada.

Es muy simple, es
tan sencillo
tanto:

bienvenidas
a casa, bienvenidos,
compartamos
el pan y la sal.


Isabel Rivas Etxaniz. En Muturreko Ahotsak. Voces del Extremo. Loturaren Poesia / Poesía del Vínculo. Amargord Ed. 2017

jueves, abril 12

La memoria libertaria en la Revolución rusa

La historia se escribe, demasiado a menudo, de forma grotescamente maniquea; así en este año de centenario de la Revolución rusa, frente a la crítica interesada de los defensores de la ideología oficial y a las alabanzas de aquellos que obvian el fracaso de un sistema que jamás alcanzó el socialismo, hay que insistir en las posibilidades de la vía libertaria.

La Revolución rusa, aunque fue el origen de un régimen que indudablemente marcó la historia contemporánea, fue tan ilusionante en un principio como, demasiado pronto, una triste realidad. Hay quien sostiene que los anarquistas estaban a la izquierda de Lenin y los bolcheviques, algo que resulta, por decirlo suavemente, francamente difícil de valorar al establecer unos parámetros siempre cuestionables. Parece más acertado decir que la cosmovisión libertaria era, en muchos aspectos, antagónica a la bolchevique partidaria, y finalmente ejecutora de una centralización extrema, que parecía estar ya en el origen de su proyecto político. El lema "Todo el poder para los soviets", que suscribían por supuestos los anarquistas al propiciar su autonomía y la de los comités de fábrica, sería muy pronto traicionado por Lenin y sus seguidores. Otras grandes diferencias estriban en la defensa de una sociedad plural por parte de los libertarios, mientras que los bolcheviques se esforzaron en aplastar a otras fuerzas políticas, junto a la evidente oposición a la militarización y a la creación de cuerpos policiales. En el año 1917, hubo cierto auge de grupos anarquistas, los cuales se sumarían a la revolución de Octubre al considerar que había que sumar fuerza al componente social de la misma, aunque muy pronto comprobarían que los bolcheviques tenían un proyecto muy diferente.

No obstante, y esto parece sumamente importante, hay quien distingue entre anarquistas y libertarios. Los primeros podían tener una ideología más netamente anarquista, incluso con una tradición intelectual sólida en Rusia, mientras que los segundos, aunque pudieran coincidir a nivel doctrinal, llevaba a la práctica a nivel cotidiano la autogestión y buscaban formas de democracia directa. Desde ese punto de vista, los anarquistas no eran tan numerosos como los libertarios, que sí podían considerarse una fuerza muy estimable en Rusia y Ucrania en aquellos tiempos. Así, en la revuelta de Krondstad, es posible que no hubiera tantos anarquistas doctrinarios, pero sí libertarios que trataban de propiciar la autonomía de los soviets y que negaban la influencia de los partidos políticos. Otro ejemplo lo constituye la revolución en Ucrania, la llamada Majnósvschina, que aunque toma su nombre de un anarquista como Nestor Majnó, estaba compuesto por otras fuerzas políticas, tal vez no netamente anarquistas, pero sí partidarias de un socialismo autogestionario. Anarquistas o libertarios, como queramos denominarlos, pero siempre partidarios de la pluralidad y de la gestión por parte de los propios trabajadores buscando esas formas de democracia directa sin intermediarios. Es muy importante insistir en esto de cara a la gestación de la sociedad libertaria, algo antagónico al proyecto de cualquier movimiento autoritario, que pretende la conquista del poder, y que a la fuerza y por mucho que se esfuerce en afirmar lo contrario, acaba  sucumbiendo a su lógica creando un sistema jerarquizado y cuerpos represivos para mantenerlo.

La Revolución rusa, continuamos con ella, es un buen ejemplo de esto. A menudo, se insiste en la distorsión que supuso la política de Stalin, alabando a líderes como Lenin y Trotsky. Se olvida la propia política represiva de estos líderes bolcheviques que muy probablemente abonaron el camino para Stalin; el propio Trotsky fue el responsable de la militarización de la economía y de la creación de un Ejército rojo, que por mucho halo mítico que se le quiera otorgar, no dejaban de ser una fuerzas armadas convencionales al servicio de un Estado. Como muy a menudo se afirma, "la historia la escriben los vencedores", y durante mucho tiempo fueron los bolcheviques. Hoy, son otros los triunfadores, y otra la ideología oficial, revestida de liberalismo, pero que niega la posibilidad de la transformación social para apuntalar el sistema vigente, que aparece como inamovible para gran parte del imaginario social. Precisamente, esto ocurre debido en gran medida al fracaso de la vía socialista de Estado, pero entre unos y otros se ignora a anarquistas, libertarios, socialistas revolucionarios y otras fuerzas sociales transformadoras. Nos esforzaremos en recuperar la memoria, también en Rusia como en cualquier parte del mundo, de estos movimientos libertarios, precisamente para recordar el fracaso de toda vía estatal de transformación social. En buena medida, puede servir de inspiración a los actuales grupos libertarios enfrentados a un escenario hoy, tal vez muy diferente, pero desgraciadamente con viejas y nuevas formas de dominación y explotación.


lunes, abril 9

El anarquismo como una lógica del comportamiento y de los sentimientos

Insistimos, una vez más, que el anarquismo no es una mera ideología, mucho menos una doctrina relegada al pasado; su fuerza, su sentido eminentemente actual, práctico y realista, estriba en ser más una postura ética ante la compleja realidad humana, una determinada lógica vital y afectiva ante las diferentes situaciones y acontecimientos.

A propósito de la reciente crítica sobre la película del joven Marx, merece la pena realizar unas reflexiones sobre la posibilidad emancipadora actual enfrentada a las tradiciones revolucionarias modernas. Hoy, mucho más si se sigue tomando como un dogma o una verdad científica, el marxismo en sus diferentes versiones debe ser cuestionado. Es más, todo lo que hay de válido en autores marxistas se debe a que se vieron obligados a revisar y adaptar la doctrina y, esto es mi opinión, acercarse en gran medida a las propuestas libertarias. El anarquismo, en cualquier caso, no debió verse ni convertirse nunca en una doctrina o ideología, de tal manera que sus propuestas autogestoras y de rechazo al poder aparecen con fuerza en los movimientos sociales recientes. Si alguien piensa que las ideas anarquistas tienen algún sentido al margen de esas prácticas vitales transformadoras, lo está relegando a las páginas de la historia, la cual nos inspira por supuesto, pero no debe empujarnos a alguna forma de ortodoxia ni hacernos recrear en, únicamente, un bello ideal. Y es que el anarquismo no es, como dice Daniel Colson, una utopía, bella pero irrealizable; es más, en su afán por indagar y potenciar al máximo la vida humana y las relaciones sociales, se le puede considerar como extremadamente realista. El orden impuesto preconizado por Estados y religiones, ese es el verdaderamente utópico, ya que nos mantiene en una realidad permanentemente caótica. Desgraciadamente, en el imaginario popular, a pesar de los numeroso males sociales y de las periódicas crisis, ha calado esa visión de la necesidad de un orden impuesto basado en la jerarquización social y de la imposibilidad de cualquier posibilidad emancipadora.

En ese mismo imaginario, aparece el anarquismo distorsionado, bien como algo superado por la historia, bien como un sueño sin ningún apego con la realidad. No ayuda demasiado la posición de algunos libertarios al pretender mantener el anarquismo puro según unos supuestos principios preestablecidos o un programa idea. Si así lo hacemos, tal vez no nos diferenciamos demasiado de cualquier otra doctrina, sea ideología política o creencia religiosa. El anarquismo solo tiene sentido en sus prácticas, con ese permanente realismo al que aludíamos anteriormente, no por adaptar a la realidad unas ideas previas, sino por mantener una postura ética ante una realidad permanentemente mutable. A diferencia de otras tradiciones emancipadoras, las ideas libertarias no nacen de la cabeza de ciertos pensadores, por mucho que nos agrade su lectura; se trata más bien de una retroalimentación, son los acontecimientos vitales los que empujan a tantas personas a abrazar las ideas libertarias. El pensamiento se alimenta de la realidad y la realidad del pensamiento. Se trata de una evolución constante, un permanente cambio en la vida en busca de la libertad; si se produce el estatismo, por acomodo a una vida subordinada en la que solo podemos ser dominados o dominadores, si se deja además de pensar, entonces la emancipación no tiene cabida.

Por lo tanto, el anarquismo se manifiesta, desde sus mismos orígenes modernos en la Primera Internacional, como algo vivo, como una visión de la vida y unas prácticas (libertarias, antiautoritarias…) que le dieron forma y sentido. Hoy, debe seguir manteniéndose vivo de la misma manera, más por una cuestión vital que ideológica. Es más, en el pensamiento de los autores modernos, como Proudhon, Bakunin o Kropotkin, ya se produce una teoría afín y complementaria a esas prácticas del movimiento. Desde ese punto de vista, hay que leer a esos pensadores, no para mantener un bello ideal del pasado, sino para tratar de comprender cómo es posible esa actitud libertaria en el presente.La actitud libertaria no está sustentada en dogmas, en verdades dadas para siempre, ni en principios abstractos, sino en una evaluación práctica y espontánea de la realidad basada en una determinadas ideas: no dominación, solidaridad, ayuda mutua… Cada vez tenemos que estar más de acuerdo con esa definición de anarquismo, no como un conjunto de ideas (aunque, obviamente, también se alimenta de un rico corpus), sino como una ética en el sentido de una determinada lógica del comportamiento y de los sentimientos; como dice Colson, “un sentido práctico, que proviene de las cosas, los acontecimientos y la situaciones”. Desde ese punto de vista, resulta muy coherente considerar al anarquismo como eminentemente práctico y realista.


viernes, abril 6

Se acaba la pesca: Pronostican un año límite para la desaparición de la fauna marina



Si no cambian las cosas, un estudio publicado en la prestigiosa revista Science estima que el conjunto de las "pesquerías mundiales" (sic) se agotarán mucho antes de lo que estaba previsto. Biólog@s canadienses ponen sobre la mesa una fecha concreta: antes de 2048.

Evidentemente, el año no se ha elegido al azar. Son conscientes de que ofrecen una visión sombría de los océanos y la salud de la humanidad, pero se ha demostrado que la pérdida de biodiversidad está estrechamente vinculada a la disminución de la calidad del agua, la floración de algas nocivas, el crecimiento de zonas oceánicas muertas, el aumento de la muerte de peces y las graves inundaciones costeras.

En concreto, la desaparición acelerada de especies marinas en nuestros océanos está llegando al punto de dejar los mares sin peces. Se ha calculado que el 90% de los grandes peces (atunes y tiburones) han desaparecido en el último siglo y cada año mueren 300.000 tortugas marinas y 250.000 cetáceos en "artes de pesca" (sic).

Todo eso implica que el futuro de la industria pesquera es una grave amenaza porque, en aguas comunitarias, más del 80 % de los "caladeros" se encuentran agotados o sobreexplotados.

La pérdida de biodiversidad de los océanos se está acelerando a un ritmo que no se preveía ni en las peores observaciones. El 29% de las especies marinas que consumen l@s carnacas ya han desaparecido. Si la tendencia a largo plazo sigue esta escalada, en 32 años habrá poco o ningún pez en los mares

"La biodiversidad es un recurso finito, y vamos a terminar con ella... si nada cambia", dijo Boris Worm, profesor asistente de biología de la conservación marina de la Universidad de Dalhousie en Halifax, Canadá. No comas pescados muertos, no te hace falta, para nada. O acabaremos con los mares.

martes, abril 3

Anarquismo, individualismo y cuestión social


Aunque el anarquismo tiene diversas corrientes, y apuesta en cualquier caso por la pluralidad de visiones, puede reducirse a dos: la individual y la colectiva (que, también, podemos denominar "socialista", a pesar la perversión del término debida a sus versiones estatistas). El anarquismo no ha sido nunca, dejémoslo claro, solo una corriente dentro del socialismo, y lo podemos considerar una filosofía vital esforzada en la emancipación en todo los ámbitos de la vida, así como en desarrollar las mejores potencialidades del ser humano.

No hace falta aclarar que el individualismo anarquista nada tiene que ver con el promovido por la sociedad liberal burguesa, y ya Max Stirner dio buena cuenta de este. No olvidemos tampoco a un Godwin, con el que si bien tampoco es posible hablar todavía de anarquismo, sí fue de los primeros en negar la subordinación política, junto a todo tipo de coerción, en nombre de un individualismo racional y de insistir al mismo tiempo en la transformación de la vida social. Resulta curioso cómo, posteriormente, los anarquistas clásicos reivindicaban igualmente, si bien con espíritu inequívocamente antiautoritario, el pensamiento de muchos autores que hay que considerar más cerca del liberalismo. La satisfacción, meramente material e inmediata, del individualismo de la sociedad capitalista en nada se asemeja a un anarquismo que, incluso en sus vertientes más individualistas, apuesta por la solidaridad, la cooperación y la unión libre. Esto implica, e incluso así hay que realizar la lectura de Stirner, a pesar de que nunca se denominara anarquista, una visión igualitaria, una libertad entendida como estrechamente vinculada a lo social; todos somos "únicos", con el derecho de desarrollar nuestras potencialidades, y debemos reconocer eso mismo en los otros. El anarquismo, en una definición tan sencilla como fundamental, lo podemos considerar también como una forma de individualismo solidario. No hay que dejar de lado, en cualquier caso, esa visión del anarquismo como una preocupación fundamental por el individuo, que a pesar de nacer y desarrollarse en sociedad, no debe subordinarse a ningún absoluto: Dios, Nación, Patria, Estado, Empresa, Revolución, Poder…

Esa visión absolutista está necesariamente unida a la jerarquización, a la génesis de una clase elitista que se encarga de dirigirnos, clasificarnos y ordenarnos a 'los de abajo', y crear para ello las instituciones pertinentes. Así, dejamos de ser "únicos", individuos conscientes capaces de decidir sobre sus asuntos, para convertirnos (y reducirnos) a un rebaño, clase social, pueblo, masa o como se quiera denominar. No hay, quizá, mayor riqueza de espíritu -entendiendo tal como fortalecimiento de la voluntad, del ánimo, de esa reafirmación de cada personalidad específica- que la de ese amor a la vida preconizado por los anarquistas individualistas, la de esa obligación de vivir intensamente una vida breve, exenta de principios superiores o trascendentes; el eclecticismo, el antidogmatismo, las tradiciones de radicalismo liberal -palabra que empleamos conocedores de sus notables diferencias con el anarquismo visto de modo amplio-, de expansión del pensamiento sin límites y de la razón, de culto a la sabiduría, de liberación sexual, de una moral acorde con los valores antiautoritarios, fraternales y solidarios, conductora del pensamiento y de las acciones -por supuesto, sería rechazable un nihilismo corto de miras en que puede desembocar la rigidez del pensamiento estirneriano-. Son conceptos que encuentran demasiados obstáculos culturales o institucionales en nuestras diferentes sociedades humanas y que los anarquistas recogen ya en sus orígenes, no de una manera doctrinaria o cerrada sino asumiendo un verdadero progreso, una liberación constante en el individuo.

Como parte de la rica herencia del pasado libertario, hay que considerar esa visión de cada ser humano como una personalidad única e insustituible, digna de verse desarrollado sin coacción externa alguna. Cualquier forma doctrinaria, religiosa, política o económica, aunque se presente como una realidad última magnánima, termina convirtiendo al individuo en una pieza más de su maquinaria. No obstante, la interesantísima visión filosófica de Stirner, y de cualquier forma de individualismo anarquista, no puede dejar a un lado la cuestión social. El individuo no precede a la sociedad, sino que nace y se desarrolla en ella, de ahí que algunos autores hayan hablado de cierto determinismo social. Es por eso que el anarquismo se haya esforzado en desarrollar un concepto de la libertad amplio, estrechamente vinculado a las nociones de igualdad y solidaridad. De igual modo, volviendo a la cuestión social, resulta imprescindible un socialismo libertario para establecer las mejores formas de la socialización de la riqueza, su producción y distribución dirigida a satisfacer al conjunto de la sociedad. Como hemos dicho, es en sociedad donde el individuo tiene obligatoriamente que desenvolverse, por lo que es también necesaria una conciencia y comprensión de los problemas sociales de forma solidaria.

El desarrollo del individuo, según la visión libertaria, se realiza a salvo de todo forma de coerción por parte del poder, y esto no se realiza de forma aislada sino en la vida social. Solo una sociedad libre, tal y como entiende el anarquismo la libertad estrechamente vinculada a lo social (a la igualdad), puede generar individuos verdaderamente libres y solidarios. El anarquismo, en definitiva, se esfuerza, tanto en defender al individuo y su libertad como en la construcción de una sociedad justa y racional. No hay que negar, como bien se empeñan en mostrar los detractores del anarquismo, las dificultades para esta tensión entre individualismo y colectivismo. Sin embargo, si observamos las ideas libertarias de esa manera amplia, no de forma absoluta y abstracto, ni tampoco capaz de dar solución a todos los problemas en cualquier circunstancia, alejada por supuesto de la visión burguesa insolidaria, podemos tal vez asumir esa tensión como parte de nuestra vida social. El individualismo radical libertario, con su desconfianza permanente hacia toda forma de organización, por el peligro constante de desviación hacia formas estáticas y burocráticas, es una actitud más que loable en forma de advertencia y tensión. En cualquier caso, las dificultades para una sociedad sin poder, sin autoridad coercitiva, no deben abandonarse a la desesperanza ni hacernos participar en los engranajes de una vida social y política que poco o nada tiene que ver con el anarquismo. Tal vez, ni el individuo ni la sociedad, serán nunca realidades plenamente realizadas en su potencialidades. Por ello, tal vez esa tensión libertaria entre ambas realidades, individual y comunitaria, sea las que nos siga empujando hacia la consecución de nuevas metas.


sábado, marzo 31

CCTV patrocina esta democracia


La cámara de seguridad dice que soy un ciudadano ejemplar;
opinión televisadamente creada, susurrada con convicción cada cuatro años,
paseo dominical sin pausas en espacios abiertos
y uso exclusivo del idioma patrio y el léxico imperial.

La cámara del banco remarca que me endeudo adecuadamente.

La cámara de la tienda me reconoce y me saluda
como buen cliente satisfecho en la insatisfacción aspiracional;
tentetieso consumidor de cesta siempre por llenar
y catálogos desechables.

A su vez, la red de monitores del centro comercial afirma
que soy un consumidor complaciente:
siempre alcanzo a lo que llego
y leo lo que me entra por los ojos.

Las cámaras me retransmiten mi vida
para que no pierda detalle.

Recuerdo que, de niño,
aquellas cámaras sólo querían arroparme
con sus cátodos y sus luces de algodón.

En las esquinas, las cámaras me ayudan a superar la soledad.
En el trabajo, me protegen de la solidaridad y del pensamiento
de mis compañeros.

Cámara Uno, Cámara Dos, Cámara Cuatro:

Sonreímos. Sabemos lo importante que es salir guapas por la tele.




Alberto García-Teresa. A pesar del muro, la hiedra
(Huerga & Fierro, 2017)

jueves, marzo 22

Pos-trabajo 1


Deconstrucción de la clase trabajadora. Evolución de nuestro desclase o  involución de nuestra clase.


En Madrid, en los años 60/70 hay constancia de vida colectiva en los barrios obreros, que era la traslación del modo de vida rural a ambientes urbanos. Los portales estaban abiertos y los vecinos se conocían; se ayudaban entre ellos superando, incluso, los conflictos personales que tuvieran (no necesitaban caerse bien). Las Asociaciones de Vecinos funcionaban apoyándose, igual que las casas de cultura o regionales. Esta forma de funcionar se trasladaba a los puestos de trabajo. Si bien, hablamos por experiencias vividas en nuestros entornos, no es de extrañar que estas mismas situaciones se produjesen en otros sitios como Barcelona, Valencia, Bilbao o Roma… En contraste hoy, bombardeados de propaganda, estas dinámicas y formas de organización han quedado en desuso y franca decadencia.
 
Hoy se dice que Amancio Ortega es un buen hombre (“nos da trabajo”) o que Mercadona es un referente de empresa donde trabajar. Se hace defensa de los empresarios por parte de los trabajadores, imbuidos en esa propaganda global, donde participar de fiestas y homenajes al empresario que te explota es la forma de agradecimiento por tener trabajo (aunque en muchos casos también es una participación obligada o “sugerida”).
 
En estos días en series de TV, Películas, etc. se muestra a las clases específicamente trabajadoras como torpes y “tontas”, mientras que las llamadas clases acomodadas (profesiones liberales) aparecen como ejemplo y referente a seguir. La percepción social del individuo se reduce a su poderío económico. Todo se basa en ganar dinero. No en vano se habla de que vivimos en una sociedad de consumo.Todo apunta a que el problema radica en que el referente humano actual para muchas personas asalariadas-explotadas es el empresario “de éxito”, mientras que en otros tiempos existía otro referente, que principalmente era el colectivo o algún grupo obrero destacable.
 
Parece que la propaganda del capitalismo a favor de la auto explotación y dejación va ganando la batalla en el imaginario colectivo. Esta propaganda se trabaja desde los medios de comunicación y todas las instituciones, comienza en el Sistema Educativo/Cultural y se mantiene a través del Judicial, Policial… a través del miedo y fomentando la sumisión, realzando la figura de los propietarios-empresarios.
 
Esta propaganda, aunque apesta, funciona.

Se fomenta un modelo individualista/egoísta de promoción personal dentro del sistema en detrimento de la defensa del colectivo, lo que antes se conocía como “conciencia de clase trabajadora”. Esto en cuanto a las clases trabajadoras, sin embargo los empresarios siguen teniendo muy clara su pertenencia a su clase social, la dominante (“Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando” Warren Buffett)
Ya no se pretende mejorar la situación del colectivo sino emular el ejemplo neoliberal del hombre hecho a sí mismo. Un ejemplo Steve Jobs.
 
Antes podías durar años e incluso toda la vida en un centro de trabajo. Hoy, un día estás en un sitio y mañana puedes estar en otro, flexibilidad laboral beneficiosa para el empresario y perjudicial para el trabajador. Hay hasta contratos por hora, e incluso horas de trabajo sin contrato.
 
Los problemas laborales existían antes y ahora. Antes cuando había un problema laboral se enfrentaba colectivamente. Ahora se enfrenta individualmente o ni siquiera se enfrenta, se asume como normal o inevitable: por falta de formación o auto formación por parte de los trabajadores, por miedo a sufrir represalias, por el deseo de prosperar dentro del escalafón jerárquico…Currantes que defienden la ley aunque vaya contra ellos. Asumen la propaganda interna: empatizan más con el empresario que con quien pudieran establecer una relación de igual a igual. ¿Será por comodidad para el trabajador, adoptar una postura pasiva en el conflicto de manera que no sienta necesidad de luchar, pensar o cuestionarse su situación “porque la vida es así”? Y así acabar aceptando las leyes, la justicia, el empresario, etc, tal y como se le presentan.
 
Desaparece la conciencia y la lucha que había antes. El concepto de “clase obrera” se pierde en la llamada “clase media” desestructurada e individualizada. Es más, esa propaganda sistémica se cuela hasta tal punto en el imaginario colectivo de manera que incluso las personas trabajadoras no quieren identificarse con una “clase baja”. El sindicalismo ya no es entendido como organización en el trabajo para la defensa del grupo, quedando absorbido por el sistema, desgastado, vacío de contenido y a la venta. Todo parece apuntar a que lo mismo está ocurriendo con otras luchas: feminismo, ecologismo, etc. La mafia de las instituciones acoge y adopta todos estos términos de lucha a su discurso en forma de propaganda/publicidad trazando una línea muy estrecha en la que se sitúa lo “moralmente aceptable” frente a lo “radical anti-sistema”, llegando incluso a utilizar toda la fuerza represiva del Estado contra estos últimos.